martes, 8 de julio de 2014

La inconsciencia...



El estadazo en el que nos dejan algunos vicios sabrosos, 
ya es de pensarse.

La gracia de cocinar, de preparar suntuosamente los platillos que agasajaran a invitados, amigos y familia... un preludio a la demostración del amor, de la complicidad, del etéreo estar.

Comprobado que si uno trae demonios encima, suele tirar los tragos, volverse quejicas, llorar y reírse de la desgracia propia y claro, ajena. Si en cambio, hay alegría desmedida, pues a descalzarse, mover el bote, apretujar manos, caderas y canciones. Si hay serenidad, esa que se cae de buena, que se apelmaza en el espíritu, y nos permite un destello generoso en la orilla de los labios, en el contorno de los ojos....

Hay estados predecibles, sobrecogedores, inhibidos y exhibicionistas... solo hay que pasearse por los excesos y dejarse aflorar....

En los míos solo puedo infringir, que si me gana el vino, es como un noqueo de tres bofetones en el rostro y el desmayo inmediato en la cama, sillón, sofá o lo que se deje acurrucar.

La bendita situación de ser solo madre de dos gatos que siendo tan humanos casi se atienden solos.

Las resacas no son tan terríficas, mientras el corazón y la cabeza permanezcan en modus zen. Al paso de las horas iremos recuperando la movilidad, el apetito y las agallas para permanecer de pié por más de 15 minutos. 

Mi trastorno es bien conocido como alcoholismo social. Ese que me ataca cuando me da la sed, y me transformo en jinete apocalíptico de la uva, piratilla inagotable de la beberecua y sus secretos más codiciados.  




2 comentarios:

Daniel Mendez dijo...

Mmmm, recuerdo cuando el amor por el trago me hacía distraerme de lo que estaba haciendo (los fines de semanajeje, tampoco es como si me saliera de la oficina para beber). Tiene mucho de inspirador a veces, es como entrar en un pequeño limbo donde la creatividad se expande...pero si se nos pasan las cucharadas, se vuelve un tanto traicionero.

Saludos.

Mar enfilo dijo...

¿Pero a poco no es rico mi querido Dano?
No solo me afloja los huesitos, sino también aligera el corazón. Me hace ver en perspectiva más noble la vida.
Yo digo que depende del espíritu. =) Tengo pendiente visitar ese lugar de chelas que me dijiste!