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viernes, 6 de junio de 2014

Piratilla...

A saber lo que una despide de si misma, para que alguien a lo lejos -y también de muy cerca-, 
nos sepa de manera intuitiva y presuntivamente acertada sin dar antecedente alguno.

Sobrado decir, que un vasco me ha rebautizado...
; )

Muxus

jueves, 22 de mayo de 2014

Divertimento...

La saciedad se compone de elementos que actúan en el cuerpo, mientras la cabeza quiere-pide-consigue más.
En el día a día, noche a noche, se masca el avance furtivo por conseguir lo que nos place.

Por ejemplo, las cosas con las que uno nutre el cerebro cansado, la vista opaca o el hambre matutina.

Hoy yendo al trabajo, venía a mi lengua el batido de chocolate con plátano que recién me había zampado. Un sol naranja fogoso pegaba en las sombras, mientras mi cabeza maldecía por no traer libro en la mano. Si. Se ha vuelto parte de mi armadura. Me sentí desvalida, incómoda. Estuve tentada a regresar a casa pero ya era demasiado tarde, a mitad del parque la misión está perdida.
Debido a mi torpeza, el instinto me guió a la observación. En esta desmedida comepranez que muerde la que me vive, conseguí atrapar el olor a lavanda, el jadeo de un labrador correteando su pelota, la mota de dos preparatorianos que a sorbos compartían la tarea, el hedor del camión de basura en el semáforo.

.................

La caminata hasta el metrobus es concertadamente impredecible. Sobre Insurgentes al fin han rehecho la banqueta y los zapatos no han quedado polvorosos. (Cruzando la avenida, en la estación vuelve el malestar: sin libro).
Me senté. Por la ventana la indagación. Autos, puentes. Los puentes. Dos al menos contienen indigentes. Cruelmente hace meses los nombré "hobbits urbanos", viviendo en un hoyo bajo las pasarelas vehiculares (Demonios! qué correcta soy). Acto seguido, me arrepiento del término, me repruebo por milésima vez. (Sorpresa! cada día van siendo más suyas esas tierras. En cuestión de segundos enumero: dos guacales más tres de antier, una lona azul suple la negra, doble de trapos y un sillón raído).

Estación tras estación, en el espacio de mujeres se saturan las papilas olfativas. Demasiados aromas (qué bueno que el mío es floral). 
Destino Estación Indios Verdes. Luego al metro. Caminar de la letra Salida T hasta la A. Subir escaleras. Tomar microbus. Reflexión:  voy en escampada del DF, atravesando la frontera al Estado de México. Qué lejos el trabajo! aaaaaaaah se miran los cerros preciosos y en su cúspide nubes enroscadas. Son 7:45 de la mañana.
Pasando las pausas habituales del sube y baja gente, llego a mi plaza. Expectante toco el timbre. Respiro hondo. Junta Importante, Ha iniciado el día-labor. 

...............

Cuatro horas y media después, este texto...
Mmmmmmh
¿Y mi libro? Maldita sea! por no traerlo ando pensando y escribiendo puras pendejadas!

Risas contenidas. No todo es literariamente hablando, brillante.








miércoles, 26 de febrero de 2014

El metro.


Hoy tráfico y tránsito continuo.
La vida te despeina....
En el diario caminar por debajo del metro en Indios Verdes de la letra T - A, pueden suceder las vivencias más simpáticas.
Ya iba tarde. Paso veloz. Cuando bajé las escaleras un tumulto como ganado bovino avanzaba a empujones. Me uní al grupo.
Pasos briosos detrás, zafaron mi zapato izquierdo, mismo que no perdí gracias a un apretujón de talón y chancleo hasta la salida.
Una vez atrapada ahí, en ese caldo de gente, miré cabezas rapadas, cabelleras largas mojadas (las menos) y cortas; moños, diademas, ligas de colores,  aretes colgantes; cuellos sin corbata, chamarras diversas, colores chillantes y otros muy pulcros; orejas con o sin audífonos. Marchantes gritones como zanates, pregonando desde lo último de moda hasta la barra de alegría.
Chequé el reloj, tardísimo! Cerraron las puertas de acceso a los torniquetes como cada cierto tiempo -más bien parece que es cada bloque de reses. Un cálculo a ojo de buen cubero: cada que se atestan los andenes y vagones. Alivio: ese no es mi camino, yo no entro a ese redil. Yo sigo derecho hasta la salida A.
Brincando lo anterior, mientras esperábamos abrieran el cerco. Una rechifla desde el fondo. De pronto una voz enérgica y sonora: “Abran hijos de la chingada! Órale que se vean esos cinco pesos de aumento! Pongan más vagones cabrones!”  –protestas y mentadas de madre-, misma voz: “Órale pinches polis ojetes, abran las puertas! Nomas cobran! Chínguenle que se vea ese salario”. Y para rematar: “Órale pinches azulitos huevones, nomas tres cabrones tomando café…!” –más chiflidos, mentadas y carcajadas-, se abren las puertas.
Muerta de risa, caminé con más alivio a la salida. Calcé mi pié, mirando de reojo hacia atrás: conté número de polis. Corrí hasta el microbus sabiendo  que no son "3 azulitos tomando café", sino más de seis.



jueves, 30 de enero de 2014

Falta de cálculo...

A todos nos pasa,

Carcajadas....